Hoy, una bonita mañana de domingo, poco fresca eso sí, pero que animaba a salir a la calle, hemos ido Victoria y yo a almorzar. Con un poco de suerte, igual hasta conseguíamos tomar un poco el sol del que, dentro de pocos días, estaremos privadas.
Todo se desarrollaba con normalidad. Charlas, paseo, mira esto, mira aquello, luego nos pasamos... lo normal para una salida de dos amigas. Llegamos al sitio en el que íbamos a comer, con la suerte de que había aun bastantes sitios libres y no nos vimos obligadas a mirar mal a nadie, y nos sumergimos en la carta del menú. Tengo un sentimiento un tanto contradictorio con ese tipo de cartas: muchas opciones en las que elegir implica muchas dudas. Sin embargo, al final, el hambre te hace decantarte relativamente rápido.
La comida servida, irrumpen en la sala dos niñas, quizás un poco más pequeñas que nosotras (que, aunque nos pese, ya tenemos una edad). Banderas atadas al cuello, pancartas pegadas a unos palitos que hacían las veces de banderitas, panfletos... Casi estuve a punto de apostar que venían de algún partido de fútbol. Entonces, vi la frase. Esa horrible frase que hizo que el estómago se me revolviera a pesar del hambre. "Por el derecho a la vida", decían. Y yo pensaba "por el derecho a comer tranquila". Por suerte, ellas iban a lo suyo y no se dedicaron a dar ningún tipo de charla, que, a su parecer, es vital y moral que todos conozcamos.
Pero ya me había cabreado, y entonces reflotaron mis opiniones acerca de toda esta parafernalia en lo que se ha convertido algo tan simple como "el derecho de una mujer a ser madre, o a no serlo". Puedo estar de acuerdo en que haya gente que su único fin y objetivo en esta vida sea el de formar una familia. A mí me parece una meta un tanto anacrónica, ya que ese mismo pensamiento lo tenía la abuela de mi abuela cuando todavía no sabía ni hablar, pero no por ello, voy a tacharla de poco hermosa. Sí, es bonito querer formar una familia, un hogar, un nido, como lo quieran llamar. Pero no olvidemos que el chocolate es de los mejores inventos que ha podido hacer el hombre, y no por ello le gusta a todo el mundo.
Formar una familia no está dentro de mis miramientos precisamente ahora. Y supongo, que para una chica a la que han violado, tampoco. Claro, para una niña pija, a la que mami y papi le van a poder mantener al niño, pues le importa una mierda decir "sí a la vida", porque aunque tenga que cambiar pañales, sus padres se encargarán de poder seguir costeándole la carrera de turno que haya elegido. No todas tienen esa misma suerte. Y estoy segura, de que ni siquiera las que van a este tipo de concentraciones (insisto, gente muy joven) sabrá todo lo que conlleva esa dichosa frase. Además, odio ese amarillismo del eslogan. Es decir, ¿me estás llamando asesina por querer vivir mi vida? Seamos sinceros, todo el mundo con dos dedos de frente (y justo en este saco, no están las dos niñas pijas del restaurante) sabe que cuando se tiene un niño, se cierran muchísimas puertas. En la mayoría de los casos, y dependiendo de la familia, claro está, la primera puerta que se te cierra es la de tu casa.
No sé qué pretenden. Ni sé quién les ha lavado el cerebro, pero si piensan que están haciendo un favor a la humanidad, están muy equivocadas. Su derecho a la vida les quita el derecho a rehacer la suya propia a chicas que no han tenido la misma suerte que ellas. Chicas que seguramente lo que menos necesitan después de un descuido o una agresión, sea escuchar que, efectivamente, van a tener que cargar con el niño. No quiero, ni puedo, ni soy capaz de imaginarme esa sensación de impotencia. Me aterra. Nunca me ha gustado que me obliguen absolutamente a nada, y tener un hijo me resulta todavía a esta edad* una carga demasiado pesada.
Así que, aunque sé que esto no lo van a leer, les pido que dejen ya de defender cosas que escapan a su entendimiento, y se dediquen a estudiar y formarse, que es lo que tienen que hacer en lugar de perder la mañana en una concentración. Que no se metan en la vida de nadie, porque nadie les ha dicho que tengan hijos por narices. Que se quiten esas banderitas ridículas con las que solo confirman su estupidez, y dejen en paz al mundo, y a las mujeres de verdad. Esas que han luchado por tener derechos como, por ejemplo, el de abortar.
*Puede que cuando tenga cincuenta o sesenta años opine de otra forma, por las cosas de la vejez y eso. Llegado ese momento, me compraré un conejito.

