domingo, 7 de octubre de 2012

Sí al aborto, no a la estupidez

Hoy, una bonita mañana de domingo, poco fresca eso sí, pero que animaba a salir a la calle, hemos ido Victoria y yo a almorzar. Con un poco de suerte, igual hasta conseguíamos tomar un poco el sol del que, dentro de pocos días, estaremos privadas.

Todo se desarrollaba con normalidad. Charlas, paseo, mira esto, mira aquello, luego nos pasamos... lo normal  para una salida de dos amigas. Llegamos al sitio en el que íbamos a comer, con la suerte de que había aun bastantes sitios libres y no nos vimos obligadas a mirar mal a nadie, y nos sumergimos en la carta del menú. Tengo un sentimiento un tanto contradictorio con ese tipo de cartas: muchas opciones en las que elegir implica muchas dudas. Sin embargo, al final, el hambre te hace decantarte relativamente rápido.

La comida servida, irrumpen en la sala dos niñas, quizás un poco más pequeñas que nosotras (que, aunque nos pese, ya tenemos una edad). Banderas atadas al cuello, pancartas pegadas a unos palitos que hacían las veces de banderitas, panfletos... Casi estuve a punto de apostar que venían de algún partido de fútbol. Entonces, vi la frase. Esa horrible frase que hizo que el estómago se me revolviera a pesar del hambre. "Por el derecho a la vida", decían. Y yo pensaba "por el derecho a comer tranquila". Por suerte, ellas iban a lo suyo y no se dedicaron a dar ningún tipo de charla, que, a su parecer, es vital y moral que todos conozcamos.

Pero ya me había cabreado, y entonces reflotaron mis opiniones acerca de toda esta parafernalia en lo que se ha convertido algo tan simple como "el derecho de una mujer a ser madre, o a no serlo". Puedo estar de acuerdo en que haya gente que su único fin y objetivo en esta vida sea el de formar una familia. A mí me parece una meta un tanto anacrónica, ya que ese mismo pensamiento lo tenía la abuela de mi abuela cuando todavía no sabía ni hablar, pero no por ello, voy a tacharla de poco hermosa. Sí, es bonito querer formar una familia, un hogar, un nido, como lo quieran llamar. Pero no olvidemos que el chocolate es de los mejores inventos que ha podido hacer el hombre, y no por ello le gusta a todo el mundo.

Formar una familia no está dentro de mis miramientos precisamente ahora. Y supongo, que para una chica a la que han violado, tampoco. Claro, para una niña pija, a la que mami y papi le van a poder mantener al niño, pues le importa una mierda decir "sí a la vida", porque aunque tenga que cambiar pañales, sus padres se encargarán de poder seguir costeándole la carrera de turno que haya elegido. No todas tienen esa misma suerte. Y estoy segura, de que ni siquiera las que van a este tipo de concentraciones (insisto, gente muy joven) sabrá todo lo que conlleva esa dichosa frase. Además, odio ese amarillismo del eslogan. Es decir, ¿me estás llamando asesina por querer vivir mi vida? Seamos sinceros, todo el mundo con dos dedos de frente (y justo en este saco, no están las dos niñas pijas del restaurante) sabe que cuando se tiene un niño, se cierran muchísimas puertas. En la mayoría de los casos, y dependiendo de la familia, claro está, la primera puerta que se te cierra es la de tu casa.

No sé qué pretenden. Ni sé quién les ha lavado el cerebro, pero si piensan que están haciendo un favor a la humanidad, están muy equivocadas. Su derecho a la vida les quita el derecho a rehacer la suya propia a chicas que no han tenido la misma suerte que ellas. Chicas que seguramente lo que menos necesitan después de un descuido o una agresión, sea escuchar que, efectivamente, van a tener que cargar con el niño. No quiero, ni puedo, ni soy capaz de imaginarme esa sensación de impotencia. Me aterra. Nunca me ha gustado que me obliguen absolutamente a nada, y tener un hijo me resulta todavía a esta edad* una carga demasiado pesada.

Así que, aunque sé que esto no lo van a leer, les pido que dejen ya de defender cosas que escapan a su entendimiento, y se dediquen a estudiar y formarse, que es lo que tienen que hacer en lugar de perder la mañana en una concentración. Que no se metan en la vida de nadie, porque nadie les ha dicho que tengan hijos por narices. Que se quiten esas banderitas ridículas con las que solo confirman su estupidez, y dejen en paz al mundo, y a las mujeres de verdad. Esas que han luchado por tener derechos como, por ejemplo, el de abortar.




*Puede que cuando tenga cincuenta o sesenta años opine de otra forma, por las cosas de la vejez y eso. Llegado ese momento, me compraré un conejito.

lunes, 1 de octubre de 2012

Periodismo

¿Cómo es posible que un Salón de Actos tan grande, se quede pequeño y obsoleto cuando se empieza a hablar de paro? No tengo una respuesta, ni mucho menos, pero sí os puedo confesar que sucede. Cuando empiezas una nueva etapa de tu vida, lo último que quieres es que te estén martilleando constantemente con todos los puntos negativos de dicha fase. Te martillean tanto que os aseguro que duele la cabeza. Literalmente.

No es fácil aguantar el tipo en ese momento. Y agradeces estar sentada en una butaca cómoda, de buenos posabrazos, para sentirte un poco reconfortada y notar menos cómo tiemblan tus piernas. Aunque por más mullido que sea tu asiento, el revolverte en él y pensar "por favor, otra vez, ¿por qué no cambian de tema?" son dos cosas que no puedes evitar. Es incómodo. Y te hace sentir mal. No es que estudiar sea precisamente gratuito, y ya te sientes culpable por el hecho de que tus padres te lo estén pagando sin pedirte a cambio nada más que notas, como para que encima nos taladren la cabeza con índices de paro y demás dificultades de la profesión. Ya lo sabemos. Lo sabíamos ya cuando elegimos la rama de bachillerato, y lo sabíamos mientras veíamos las notas de selectividad. Vamos a ser periodistas, intentamos saberlo todo.

En muchas ocasiones a lo largo del día te dan mil y una razones para abandonar, para sentir que estás perdiendo el tiempo y para plantearte el estudiar otra cosa. Tienes el momento de debilidad como cualquier otro ser humano. Sin embargo, cuando sales de la facultad y de nuevo te encuentras con la situación actual, con la cantidad de cosas que hay por denunciar, y con todos esos personajes que se frotan las manos sin que nadie les dé un momento incómodo (el que les debemos por todas esas charlas incómodas sobre cifras negativas y tasas de paro), piensas que, efectivamente, lo hiciste bien al elegir estudiar periodismo. Si no has pensado esto, entonces sí, métete en otra carrera.

Hoy me han enseñado un concepto importante, que ha estado ahí agazapado en la penumbra y que no tenía ni la más remota idea de cómo definirlo. Hoy he entendido que cuando el periodismo se ve atacado de esta forma tan brutal, es porque algo va mal. En una democracia, hace falta periodistas.Hace falta que haya gente que cubra todas esas barbaridades que se nos escapan. ¿Por qué precisamente cuando hace más falta que haya información, el sector está más débil? No sé qué entienden últimamente los políticos por democracia, pero yo el concepto lo tengo muy claro. Ésta ha sido una de las razones por las que he dicho "vamos a seguir con esto".

Otra razón ha sido la visita de Ana Pastor a la facultad. Nos ha enseñado un nuevo modelo de periodismo: el incómodo. Llegó, como si fuera una más, y nos habló como si hiciera poco menos de un año que terminó la carrera. Y luego le hice una pregunta. No quería irme de allí sin hacerle una puñetera pregunta, porque de lo contrario, cuando llegara a casa me sentiría horrorosamente mal conmigo misma. Y eso no lo podía permitir.

Como hacerme la foto con ella estaba ya más descartado que una carta de póker en la baraja española, le tenia que hacer la pregunta.

Ella decía que para hacer periodismo incómodo, necesitas estar respaldado por tu jefe. Necesitas que alguien te guarde las espaldas mientras tú estrangulas al entrevistado a preguntas. Yo le pregunté que si ella, aun sintiéndose defendida, había tenido problemas al elaborar la batería de preguntas, para que no quedaran, digamos, políticamente incorrectas. También le pregunté que si en alguna entrevista, alguna vez, había pensado que quizás se había pasado y era mejor "recular".

Entonces me dijo que se le ocurrían muchísimas preguntas malvadas el día antes de la entrevista, y que tenía que ser consciente de lo que a un ciudadano normal le gustaría preguntarle al político de turno si lo tuviera delante*, porque ella sí tiene la suerte y la oportunidad de hacerle esas preguntas. Y que nunca se había arrepentido de haber hecho una entrevista incómoda.

Y esa ha sido mi primera pregunta a una personalidad importante. Espero que para la próxima haga más preguntas y mejores. Le gustó que alguien de primer año le hiciera una pregunta, y a mi también me gustó escucharme haciéndosela. Yo que pensaba que no iba a tener valor...!!

De momento, me toca seguir repasando....













*Aunque igual, más que preguntarle, a más de uno le gustaría "arreglarle" la cara.