En
vísperas de la Huelga de Educación de mañana día 24 de Octubre, se me ha
antojado oportuno escribir (de una vez) sobre la conferencia de Juan Torres,
catedrático de Economía por la Universidad de Sevilla, a la que asistí la
semana pasada.
No
voy a tirarme el farol y dármelas de entendida sobre Economía. La manejo lo
suficiente como para que no me puedan timar a la hora de devolverme el cambio
en un bar. Y ni eso a veces.
Sin embargo, he decidido que la ocasión lo merece y que todo lo que
en esa conferencia se dijo, merece salir de mi cabeza y ser compartido, junto a mis reflexiones (vaya mezcla explosiva. Así me va).
Allá
vamos.
Se nos habla de la crisis que nos castiga actualmente. Pero llamemos a las cosas por su nombre. Estamos
sufriendo lo que podríamos denominar como “estafa intelectual – financiera”.
Una estafa financiera no se divulga, diluye, crece, sin la ayuda de un
componente intelectual, y los medios de comunicación hemos tenido un pésimo
papel protagonista en esta función. Hablando y repitiendo hasta la saciedad “la
crisis”, nos olvidamos de que las crisis tienen causas, objetivos, y que
representan una serie de oportunidades para los intereses mercantiles y
financieros. Dentro de las reiteradas expresiones que escuchamos en los medios
y en la vida política, encontramos las típicas “ha sido un accidente”, “no se
podía prever”, “el gobierno toma esta serie de medidas de ajustes con la mejor
voluntad”, “no les queda otra opción”… Seguro que a todos nos suenan. Pero,
¿seguro que las cuestionamos?
Todo
esto no es más que un velo para ocultarnos lo que realmente está pasando. Y es
que, queridos, esta crisis no es más que una de las piezas claves de la estafa.
Con demasiada frecuencia, se ha presentado la crisis como el resultado de algo
que “nos ha tocado”, mientras que sus desencadenantes y metas se tratan de
ocultar o pasan a un segundo plano.
Hablemos
de la crisis. De esta crisis que hace que tiemblen todos nuestros esquemas y
planteamientos de futuro. Crisis tirana que no repara en daños para los más
desfavorecidos. Crisis que ahoga. Crisis que empuja al extranjero. Crisis
clasista que separa cada vez más a esas dos Españas que parece que nunca se van
a fundir en una.
¿LA
crisis? Esto no es una crisis en singular, amigos, esto que estamos sufriendo
es un compendio, una pandemia de crisis en sus múltiples sentidos. Desde 1970,
según el FMI, en el mundo se han sucedido cerca de 125 crisis financieras,
perturbaciones, estrés financieros, desequilibrios…
¿Y
alguien se ha enterado?
Si
comparamos la etapa que hay entre 1970 y 1945, se observa que prácticamente
ningún país en el mundo tuvo una crisis financiera. Esto es un indicador
material de que se pueden evitar las crisis financieras.
Anda,
se pueden evitar. Qué sorpresa, ¿eh?
Si
colocamos una lupa y observamos, percibimos que en esa etapa intermedia entre
1940 y 1970, había un control de los movimientos de capitales (es decir, no era
posible mover dinero de un país a otro sin una regulación), y el dinero de la
banca se dedicaba casi en su totalidad a financiar bienes y servicios.
Sin
embargo, en los setenta se cambia la normativa: los bancos se sumergen en la
especulación y las nuevas tecnologías permiten mover el dinero a una velocidad
impresionante (hoy en día, se tarda aproximadamente un segundo en invertir 250
millones de dólares). Esto conlleva a que se multipliquen las perturbaciones
financieras.
Esta
última que estamos viviendo es otra de esas tantas que se han ido aconteciendo.
Aunque tiene la singularidad de que ha sido la más importante de los últimos
años y del último siglo. ¿Por qué? Estudiémosla: (agarraos que viene lo
enrevesado)
El
11 de septiembre del año 2001 se produce el ataque a las torres gemelas.
Estados Unidos ya comenzaba a renquear a nivel económico y tras el atentado, el
peligro de que su economía se viniera abajo fue aún mayor. Para evitar esto,
una de las medidas que toma el gobierno es bajar los tipos de interés (el
precio del dinero que se cobra por un crédito), lo que provoca que el crédito
se abarate y se incentive toda aquella actividad económica que funciona a golpe
de crédito. ¿Imagináis qué sector se benefició de esto? ¡Bingo! La industria
inmobiliaria, que además fue impulsada por los bancos.
¿Os
suena todo esto, verdad? Bien, pues hagamos un paréntesis y recordemos la cita
de J. L. Sampedro, que dice así:
En
España, a los bachilleres nos enseñaban qué era la calcopirita. Sin embargo, no
nos enseñaban qué es y qué hace un banco.
Sin
duda, es la mejor manera de que los ciudadanos ignoremos qué hacen los bancos.
Y
esto es lo que sucede en España y, al parecer, en el resto del mundo.
¿Cómo
funciona la banca? Pues escuetamente explicado, los bancos se cimentan en una
actividad muy simple: toma el dinero de los clientes, y luego da créditos. En el
mundo circulan dos tipos de riqueza: las monedas y los billetes, que es dinero
legal que emite el Estado; y el que crean los bancos. El primer tipo representa
el 5 o 6% de todo el dinero que se mueve en el mundo, mientras que el resto,
incumbe al originado por la banca.
Supongamos
que tenemos 100 euros y prestamos 20 a un amigo (se podrá quejar). En ese
momento, seguirá habiendo 100€ en circulación, pero 80 en nuestro bolsillo. Un
banquero, amablemente se ofrece a guardarnos esos 80 prometiéndonos que nos lo
devuelve al 5% de interés. Ese dinero que le dejamos al banquero, le va a
servir para invertir y para dar créditos.
El
dinero legal seguirá siendo 100€, pero al haber prestado dinero al banquero, se
ha creado lo que se denomina como “capacidad de banco”, es decir, se crea
dinero caligráfico, una anotación que va a tener valor monetario. Y sin haberle
costado un solo céntimo.
Entonces,
si el banco crea 20 euros de la nada sin coste alguno, ¿por qué si le pedimos
que nos lo preste, nos cobra intereses? Tendría sentido que nos cobraran si
ellos perdieran algo a cambio, pero si no les cuesta nada crear dinero, ¿por
qué?
Todo
este proceso de creación de dinero bancario, procede de las reservas
fraccionarias (es el porcentaje de dinero en efectivo – conocido como
coeficiente de caja – que el banco está obligado legalmente a mantener para
pagar a los clientes que deseen retirarlo). Esto es nada más y nada menos que
un privilegio que tiene la banca, porque estamos hablando de que el banco tiene
el poder de crear dinero de la nada, de los préstamos. Crea dinero y encima no
le cuesta más que la tinta del boli que use para firmar el activo de su balance.
Por
lo tanto, si la banca gana dinero y poder creando dinero y dando créditos, no
es difícil adivinar que su principal preocupación va a ser idear la forma de
prestar más para ganar más. Cuanta más deuda, más dinero. Tratan de convencer a
los gobiernos de implantar políticas de bajo salario, por ejemplo, o a la
población de que es mejor comprar una vivienda que tenerla alquilada, porque
eso obliga al ciudadano a tener que pedir créditos.
La
estrategia de la banca es nada más y nada menos que propiciar la creación de
deuda, y que se tenga que acudir a ellos. La deuda actual y que tenemos ahora
no es más que su negocio y su fracaso. El error que todos tenemos que pagar.
Explicado
esto, volvamos con la maravilla de banca de EEUU.
Se
comenzaron a dar créditos en mayores cantidades. Al principio solo eran
destinatarias las familias solventes y que no iban a tener dificultad para
devolverlos. No obstante, poco a poco también se los fueron concediendo a
personas que tenían un mayor riesgo de fallar en la devolución del préstamo.
Así,
llegaron al tope que las leyes internacionales establecían que se podía dar
crédito (10% del capital). Entonces, aplicaron a la banca algo que se hacía en
otros negocios: la titulización. Cuando
un banco da un crédito, hay un papel que se firma (un contrato de crédito
hipotecario, por ejemplo), y que mensualmente se paga durante unos 40 – 50
años. El banco tiene miles de contratos como es lógico, y estos contratos le
dan al banco su cuota mensual. El banco inventa entonces que si a dicho contrato
le pone otro nombre y lo vende, conseguirá más liquidación y rentabilidad. La
actuación que sigue es: crea otra entidad suya y se compra a sí mismo el
contrato. De esta forma, tendrá dinero suficiente como para poder dar otras
tres hipotecas más.
Luego
de todo esto, se colocaron las hipotecas “buenas” en el fondo de inversión, hasta
que llega un momento que solo quedan por repartir lo que se conoce como hipotecas
subprime (orientada a clientes con escasa solvencia, gente que
como decíamos antes, podría tener unos mayores obstáculos para devolver el
crédito). Una empresa de calificación procedía a declarar esos paquetes de 10 o
15 hipotecas subprime como un paquete AAA (el grado más seguro) y se vendían
como panes.
Y todo esto era color de rosas hasta que cambió
la coyuntura, y muchas familias tuvieron que dejar de pagar las hipotecas
debido a la crisis que se había creado.
¿Qué sucede entonces para los bancos? Pues que si el contrato hipotecario era de un
millón de dólares, el banco en su balance tenía anotado como activo un millón,
porque esa persona le iba a devolver esa cantidad de dinero.
Imaginemos
que, como era normal, muchas personas no pudieran devolverle un solo dólar debido
a la situación. Ese valor entonces, perdería completamente su valor de un
millón porque no tiene garantías de que se pudiera pagar. Y, por tanto, los
productos derivados de esa hipoteca (esos contratos que el banco se compraba a
sí mismo) igualmente perdían también su valor. El sistema se pega un batacazo.
Los
llamados activos subyacentes (es decir, la fuente de la que se deriva el valor del instrumento derivado,
que a su vez es un producto financiero cuyo
valor se basa en el precio de otro activo. Por ejemplo, el valor de un
futuro sobre el oro se basa en el precio del oro), pierden su valor, y por
tanto todas esas hipotecas basura o subprime que habían colmado a los bancos de
riqueza, de pronto no valen nada.
La
consecuencia es que cuando la banca interna se encuentra descapitalizada porque
el valor de sus activos es nada, se dejan de dar crédito entre ellos y sus
clientes. Se cierra el grifo del crédito y la economía se viene abajo porque no
puede funcionar sin financiación.
Empiezan
entones las estafas intelectuales de la que hablábamos antes: se decía que era
un tema hipotecario de EEUU, ajeno, pero enseguida se descubrió que había una
interrelación del sistema financiero internacional. Todos los bancos
internacionales habían caído arrastrados por el gigante de EEUU.
Se
inició entonces un plan para resolver el problema de liquidez de la banca
estadounidense y se inyectan cientos de miles de millones por parte del BCE, la
Reserva Federal…
La
banca sin embargo no salía adelante, y por tanto la economía entra en crisis.
Los gobiernos no tienen más remedio que llevar a cabo programas de rescate y
empuje (como el Plan E aquí en España) en el que también se dejan otros muchos
millones de euros. Consiguen que la economía respire un poco, pero el alivio
dura poco ya que estos planes iniciales de rescate no se apoyaron lo suficiente.
Y tratar de solucionar la economía sin financiación es imposible.
Países
como España se encuentran con que han tenido que hacer gastos extraordinarios y
que han caído los ingresos al 65%. El déficit se dispara, y lo que antes era
superávit ahora se convierte en deuda.
En
Europa aparece otro problema: Grecia.
El
país heleno tenía ya una deuda alta a diferencia de España. Debían unos 40 mil
millones debido a una mala gestión que venía del pasado en gran parte:
olimpiadas que costaron en realidad 20 mil millones (demasiados relaxing cups),
la Dictadura de los Coroneles, corrupción… Inmediatamente, se destapan las
alertas y Grecia se convierte en un problema para la Unión Europea ya que se
teme que su deuda hunda a Europa.
No
había que perder más tiempo por tanto: había que rescatar urgentemente a
Grecia.
Bien.
Reflexionemos.
Grecia
representa el 2% de la Unión Europea. Con perdón para los griegos, hay que
señalar que en términos económicos, un 2% del PIB representa muy poco para la
UE, por lo que sería exagerado pensar que por culpa de Grecia, la UE se vendría
abajo. Por otro lado, decían que 40 mil millones de euros en deuda era una
barbaridad, y sin embargo países como Francia y Alemania dieron a sus
respectivas bancas privadas 800 mil millones y no hundieron Europa. Al menos
que sepamos.
Aun
con estas, el Banco Europeo se sienta a cantarle las cuarenta a Grecia, y mientras
le tira de las orejas, le ajusta las cuentas. Y les hace entrega de 40 mil
millones con la promesa de que se los iba a devolver. ¿Problema
solucionado? Ni por asomo. Según los Tratados de Maastrich y Lisboa, se
establece que el Banco Central Europeo no puede financiar a los gobiernos.
Así
que el BE se ve obligado a recular, y mientras los acreedores de Grecia le
aprietan para que encuentre financiación, los helenos se ven obligado a echarse
en brazos de la banca privada.
Sí.
Eso que habéis escuchado es una risa malvada con una tormenta de fondo.
El
BCE le dice a la banca privada (que, recordemos, no tenía dinero, estaba de
capa caída), que tienen en Grecia barra libre, es decir, dinero al 0’25, al 1 %
(tirado de precio). La banca privada coge el dinero al 0’25 pero como era de
esperar, intenta devolvérselo a Grecia al mayor interés posible. Ya dijimos antes
que los bancos se alimentan de la deuda, y más que barra libre, en Grecia
tenían buffet gratis.
¿Qué
nos encontramos? Pues a Grecia pagando créditos incluso al 50% a bancos que les
había costado menos del 1%.
Surge (por si fuera poco) entonces otro problema para Grecia, el llamado interés compuesto: la acumulación de intereses adquiridos por un capital
inicial (CI) o principal a una tasa de interés (r) durante (n) periodos de tiempo. O dicho en castellano: que durante los meses que tengas que estar
pagando un crédito, vas añadiendo capital en forma de intereses a ese dinero
que debes. Si pides un crédito al 10%, significa que en 7 años se ha doblado la
cantidad inicial que debías solo por los intereses.
En consecuencia, mientras que en
2008 Grecia tenía una deuda de 40 mil millones, ahora cuenta con una de cerca
de 525 mil millones de euros (y porque le han perdonado la mitad de lo que
debían). Solo en
intereses paga alrededor de 14 mil millones de euros cada trimestre.
¿Y
cuál es la situación de Grecia? Han privatizado las compañías de teléfonos, se
han bajado salarios, funcionarios despedidos… La ley laboral que se ha aprobado
establece que hay que dar al menos un periodo diario de descanso de 11 horas,
lo que significa que se pueden trabajar 13 horas seguidas. Más vale que nos
vayamos haciendo el cuerpo.
Se
venden aeropuertos, hospitales, monumentos, islas… Con lo que han obtenido solo
50 mil millones de euros. También se están ajustando las cuentas en el sector
público: si lo sumas, si no dejas una pensión ni un maestro, ni nada público,
te ahorras 21 mil millones. Y ni una cosa ni la otra sirven porque aun así
siguen teniendo que pagar todos esos intereses más la deuda.
En
España está ocurriendo igual. En el año 2008, nuestra deuda era de un 37%
aunque parezca increíble (el máximo que marca la UE está en el 60%). Hoy en
día, tenemos 100% de deuda. El dinero que llevamos pagado en deuda e intereses
ronda los 125 mil millones.
Y
además, nos encontramos con esa estafa intelectual, en la que nos intentan
vender la moto de que la deuda que tenemos es por haber vivido por encima de
nuestras posibilidades, en lugar de que los bancos se han endeudado por encima
de las suyas.
Si
desde el 89 al 2012, aun en esa España lapidadora, si el saldo del Estado se
hubiera financiado por un BC al 0%, la deuda hoy en día sería del 14% del PIB. Por
eso la banca prohíbe que los bancos centrales financien a los estados.
Y
este es el origen criminal de la deuda que tenemos, producida por la libertad
de los bancos, la desregularización, la anulación de las normas que controlaban
el orden financiero. El capitalismo más salvaje que existe. Todo ello de la
mano de una complicidad de los gobiernos y autoridades para poner programas que
son inadecuados para salir de la crisis. No hay ningún país que haya salido de
una crisis llevando a cabo un recorte en los gastos. En ninguna cabeza cabe que
una economía pueda sobrevivir sin sistema financiero. Hoy en día se podía haber
resuelto el problema poniendo el BC a funcionar, nacionalizando la banca, y
luego, mediante soluciones técnicas intermedias, que pasan por una creación de
central de depósitos.
La
deuda, amigos, no se puede pagar, es imposible. Se está usando como una
herramienta de esclavitud y una excusa para hacer las políticas que favorecen
más a las empresas. Hasta qué punto llega la irracionalidad de crear dinero a
base de intereses, que en Europa hay más
deuda que dinero. Hay deuda de la deuda, incluso. No habría dinero en toda
Europa para terminar de pagar la dichosa deuda.
Lo
más seguro es que se cree otra vez un nuevo Club de París o cualquier patochada
de esas, con lo que se perdonaría la deuda y sus intereses. Pero es evidente
que mientras puedan, esta crisis se seguirá alargando.
Y
es la ciudadanía la que se tendría que cerrar en banda y negarse a pagar los
platos rotos de la banca. Eso sí, una ciudadanía unida, mayoritaria, fuerte y
digna… Por eso lamentaba antes la falta de unión entre las dos Españas, porque
si dividen a la sociedad, destrozan los instrumentos que podrían permitir que habláramos
como un todo contra ellos, contra los de arriba. En lugar de eso, nos dividen
entre nosotros con jueguecitos de derechas e izquierdas, Bárcenas, ERES,
escándalos de corrupción… Haciendo que nos tiremos piedras a nuestro propio
tejado mientras ellos se libran de entrar en la batalla. Si tuviéramos además
un gobierno central soberano en sí mismo y transversal, la crisis probablemente
acabaría mucho antes. Pero esto ya sería demasiado pedir.
Esta
es nuestra España. Dividida, y con un gobierno que acata órdenes desde Bruselas
sin pararse a pensar en qué necesita realmente su población. Que ha
desmantelado la democracia porque se aferra a una mayoría absoluta que no
permite debates ni enmiendas, que no deja que se cuestionen sus medidas, que
busca crear personas de encefalograma plano, desinformadas y sin debate social,
reprimiendo y recortando. Anulando nuestro sentido crítico porque, claro, es
que la cosa esta muy mal y hay que recortar.
Las
herramientas para acabar con la crisis económica las tenemos, pero… ¿Qué
hacemos con la crisis intelectual de España?