Antes de continuar con la rutina kantiana que estaba desgajando, quería hablar sobre una cosa que me afecta a nivel personal. Nunca he entendido esa expresión. Si todos somos personas, todo nos debería afectar a nivel personal, ¿no? Bueno, a lo que iba.
Este pasado 25, aconteció en Madrid una manifestación multitudinaria (y, a las cadenas de televisión les quiero explicar que la palabra multitudinaria no significa "cuatro gatos") que consistía, o tenía como objetivo, rodear el Congreso. Algunos, los más patrióticos, han empezado a afirmar que "unos cuantos" buscan que la imagen que se dé de España a nivel internacional sea similar a la de Grecia. Para empezar, no tienen ni siquiera que buscarlo, porque ya la damos. Y después, ¿realmente piensan que nadie se iba a quejar? Es decir, ¿en serio piensan que todo el mundo se iba a cruzar de brazos? Esto no es más que algo que ya estaba tardando en suceder. Suerte para ellos que, mientras sucedía o no, han tenido tiempo de buscar escondite.
Pero no he puesto esta entrada para hablar de la movilización en sí. Me gustaría centrarme en la actuación policial. O ni siquiera sé si debería de llamarlo así, porque eso de policial solo tuvo el uniforme.
Por un lado, es comprensible que un policía no puede apoyar una manifestación (mientras esté trabajando) porque su deber es guardar el orden. El problema es que últimamente, los policías están confundidos. Sí. Confunden cuidar de que una marcha se desenvuelva pacíficamente con impedir que se desarrolle. Y no me gusta. Porque entonces, el policía realmente no está cumpliendo con uno de sus deberes. Si bien es el protector del pueblo, en las últimas congregaciones dejan mucho que desear.
Porque su papel, ha pasado a ser el de unas marionetas. Y ni siquiera les pagan.
Por otro lado, es lógico también que infiltren a compañeros de paisano entre la multitud con el único fin de que les resulte más fácil controlar el orden público. Pero desde que empezaron todas estas manifestaciones, parece que dichos compañeros son el comodín perfecto para que empiece una batalla campal en las calles. Esto en la época de Franco pues oye, era de esperar. Ahora, en una democracia, y en medio de una marcha pacífica, ¿realmente es necesario?
Siempre he defendido a los policías. A mi parecer, no son más que víctimas como todos, a los que también les recortan como a todos, pero que no se pueden quejar como hacemos todos. Sin embargo, tengo que decir que lo del otro día fue vergonzoso. No me gustó. Me asusté incluso, porque piensas "¿y esta gente es la que vela por nuestra seguridad?". Me decepcioné. Esos no son los policías que yo desde siempre he conocido y de los que me sentía orgullosa.
Si tanto les importa que la imagen de España no se vea más dañada de lo que está, que dejen que el pueblo ejerza su derecho a manifestarse, porque el pueblo no quiere pelear mediante la violencia, no tiene medios ni carga suficiente para hacerlo.
¿De que tienen miedo entonces? ¿De que llevemos razón?


