miércoles, 23 de octubre de 2013

Crisis


En vísperas de la Huelga de Educación de mañana día 24 de Octubre, se me ha antojado oportuno escribir (de una vez) sobre la conferencia de Juan Torres, catedrático de Economía por la Universidad de Sevilla, a la que asistí la semana pasada.

No voy a tirarme el farol y dármelas de entendida sobre Economía. La manejo lo suficiente como para que no me puedan timar a la hora de devolverme el cambio en un bar. Y ni eso a veces.

Sin embargo, he decidido que la ocasión lo merece y que todo lo que en esa conferencia se dijo, merece salir de mi cabeza y ser compartido, junto a mis reflexiones (vaya mezcla explosiva. Así me va).

Allá vamos.

Se nos habla de la crisis que nos castiga actualmente. Pero llamemos a las cosas por su nombre. Estamos sufriendo lo que podríamos denominar como “estafa intelectual – financiera”. Una estafa financiera no se divulga, diluye, crece, sin la ayuda de un componente intelectual, y los medios de comunicación hemos tenido un pésimo papel protagonista en esta función. Hablando y repitiendo hasta la saciedad “la crisis”, nos olvidamos de que las crisis tienen causas, objetivos, y que representan una serie de oportunidades para los intereses mercantiles y financieros. Dentro de las reiteradas expresiones que escuchamos en los medios y en la vida política, encontramos las típicas “ha sido un accidente”, “no se podía prever”, “el gobierno toma esta serie de medidas de ajustes con la mejor voluntad”, “no les queda otra opción”… Seguro que a todos nos suenan. Pero, ¿seguro que las cuestionamos?

Todo esto no es más que un velo para ocultarnos lo que realmente está pasando. Y es que, queridos, esta crisis no es más que una de las piezas claves de la estafa. Con demasiada frecuencia, se ha presentado la crisis como el resultado de algo que “nos ha tocado”, mientras que sus desencadenantes y metas se tratan de ocultar o pasan a un segundo plano.

Hablemos de la crisis. De esta crisis que hace que tiemblen todos nuestros esquemas y planteamientos de futuro. Crisis tirana que no repara en daños para los más desfavorecidos. Crisis que ahoga. Crisis que empuja al extranjero. Crisis clasista que separa cada vez más a esas dos Españas que parece que nunca se van a fundir en una.

¿LA crisis? Esto no es una crisis en singular, amigos, esto que estamos sufriendo es un compendio, una pandemia de crisis en sus múltiples sentidos. Desde 1970, según el FMI, en el mundo se han sucedido cerca de 125 crisis financieras, perturbaciones, estrés financieros, desequilibrios…

¿Y alguien se ha enterado?

Si comparamos la etapa que hay entre 1970 y 1945, se observa que prácticamente ningún país en el mundo tuvo una crisis financiera. Esto es un indicador material de que se pueden evitar las crisis financieras.

Anda, se pueden evitar. Qué sorpresa, ¿eh?

Si colocamos una lupa y observamos, percibimos que en esa etapa intermedia entre 1940 y 1970, había un control de los movimientos de capitales (es decir, no era posible mover dinero de un país a otro sin una regulación), y el dinero de la banca se dedicaba casi en su totalidad a financiar bienes y servicios.

Sin embargo, en los setenta se cambia la normativa: los bancos se sumergen en la especulación y las nuevas tecnologías permiten mover el dinero a una velocidad impresionante (hoy en día, se tarda aproximadamente un segundo en invertir 250 millones de dólares). Esto conlleva a que se multipliquen las perturbaciones financieras.

Esta última que estamos viviendo es otra de esas tantas que se han ido aconteciendo. Aunque tiene la singularidad de que ha sido la más importante de los últimos años y del último siglo. ¿Por qué? Estudiémosla: (agarraos que viene lo enrevesado)

El 11 de septiembre del año 2001 se produce el ataque a las torres gemelas. Estados Unidos ya comenzaba a renquear a nivel económico y tras el atentado, el peligro de que su economía se viniera abajo fue aún mayor. Para evitar esto, una de las medidas que toma el gobierno es bajar los tipos de interés (el precio del dinero que se cobra por un crédito), lo que provoca que el crédito se abarate y se incentive toda aquella actividad económica que funciona a golpe de crédito. ¿Imagináis qué sector se benefició de esto? ¡Bingo! La industria inmobiliaria, que además fue impulsada por los bancos.

¿Os suena todo esto, verdad? Bien, pues hagamos un paréntesis y recordemos la cita de J. L. Sampedro, que dice así:

En España, a los bachilleres nos enseñaban qué era la calcopirita. Sin embargo, no nos enseñaban qué es y qué hace un banco.
Sin duda, es la mejor manera de que los ciudadanos ignoremos qué hacen los bancos.

Y esto es lo que sucede en España y, al parecer, en el resto del mundo. 

¿Cómo funciona la banca? Pues escuetamente explicado, los bancos se cimentan en una actividad muy simple: toma el dinero de los clientes, y luego da créditos. En el mundo circulan dos tipos de riqueza: las monedas y los billetes, que es dinero legal que emite el Estado; y el que crean los bancos. El primer tipo representa el 5 o 6% de todo el dinero que se mueve en el mundo, mientras que el resto, incumbe al originado por la banca.

Supongamos que tenemos 100 euros y prestamos 20 a un amigo (se podrá quejar). En ese momento, seguirá habiendo 100€ en circulación, pero 80 en nuestro bolsillo. Un banquero, amablemente se ofrece a guardarnos esos 80 prometiéndonos que nos lo devuelve al 5% de interés. Ese dinero que le dejamos al banquero, le va a servir para invertir y para dar créditos.

El dinero legal seguirá siendo 100€, pero al haber prestado dinero al banquero, se ha creado lo que se denomina como “capacidad de banco”, es decir, se crea dinero caligráfico, una anotación que va a tener valor monetario. Y sin haberle costado un solo céntimo.

Entonces, si el banco crea 20 euros de la nada sin coste alguno, ¿por qué si le pedimos que nos lo preste, nos cobra intereses? Tendría sentido que nos cobraran si ellos perdieran algo a cambio, pero si no les cuesta nada crear dinero, ¿por qué?

Todo este proceso de creación de dinero bancario, procede de las reservas fraccionarias (es el porcentaje de dinero en efectivo – conocido como coeficiente de caja – que el banco está obligado legalmente a mantener para pagar a los clientes que deseen retirarlo). Esto es nada más y nada menos que un privilegio que tiene la banca, porque estamos hablando de que el banco tiene el poder de crear dinero de la nada, de los préstamos. Crea dinero y encima no le cuesta más que la tinta del boli que use para firmar el activo de su balance.

Por lo tanto, si la banca gana dinero y poder creando dinero y dando créditos, no es difícil adivinar que su principal preocupación va a ser idear la forma de prestar más para ganar más. Cuanta más deuda, más dinero. Tratan de convencer a los gobiernos de implantar políticas de bajo salario, por ejemplo, o a la población de que es mejor comprar una vivienda que tenerla alquilada, porque eso obliga al ciudadano a tener que pedir créditos.

La estrategia de la banca es nada más y nada menos que propiciar la creación de deuda, y que se tenga que acudir a ellos. La deuda actual y que tenemos ahora no es más que su negocio y su fracaso. El error que todos tenemos que pagar.

Explicado esto, volvamos con la maravilla de banca de EEUU.

Se comenzaron a dar créditos en mayores cantidades. Al principio solo eran destinatarias las familias solventes y que no iban a tener dificultad para devolverlos. No obstante, poco a poco también se los fueron concediendo a personas que tenían un mayor riesgo de fallar en la devolución del préstamo.

Así, llegaron al tope que las leyes internacionales establecían que se podía dar crédito (10% del capital). Entonces, aplicaron a la banca algo que se hacía en otros negocios: la titulización. Cuando un banco da un crédito, hay un papel que se firma (un contrato de crédito hipotecario, por ejemplo), y que mensualmente se paga durante unos 40 – 50 años. El banco tiene miles de contratos como es lógico, y estos contratos le dan al banco su cuota mensual. El banco inventa entonces que si a dicho contrato le pone otro nombre y lo vende, conseguirá más liquidación y rentabilidad. La actuación que sigue es: crea otra entidad suya y se compra a sí mismo el contrato. De esta forma, tendrá dinero suficiente como para poder dar otras tres hipotecas más.

Luego de todo esto, se colocaron las hipotecas “buenas” en el fondo de inversión, hasta que llega un momento que solo quedan por repartir lo que se conoce como hipotecas subprime (orientada a clientes con escasa solvencia, gente que como decíamos antes, podría tener unos mayores obstáculos para devolver el crédito). Una empresa de calificación procedía a declarar esos paquetes de 10 o 15 hipotecas subprime como un paquete AAA (el grado más seguro) y se vendían como panes.

Y todo esto era color de rosas hasta que cambió la coyuntura, y muchas familias tuvieron que dejar de pagar las hipotecas debido a la crisis que se había creado.

¿Qué sucede entonces para los bancos? Pues que si el contrato hipotecario era de un millón de dólares, el banco en su balance tenía anotado como activo un millón, porque esa persona le iba a devolver esa cantidad de dinero.

Imaginemos que, como era normal, muchas personas no pudieran devolverle un solo dólar debido a la situación. Ese valor entonces, perdería completamente su valor de un millón porque no tiene garantías de que se pudiera pagar. Y, por tanto, los productos derivados de esa hipoteca (esos contratos que el banco se compraba a sí mismo) igualmente perdían también su valor. El sistema se pega un batacazo.

Los llamados activos subyacentes (es decir, la fuente de la que se deriva el valor del instrumento derivado, que a su vez es un producto financiero cuyo valor se basa en el precio de otro activo. Por ejemplo, el valor de un futuro sobre el oro se basa en el precio del oro), pierden su valor, y por tanto todas esas hipotecas basura o subprime que habían colmado a los bancos de riqueza, de pronto no valen nada.

La consecuencia es que cuando la banca interna se encuentra descapitalizada porque el valor de sus activos es nada, se dejan de dar crédito entre ellos y sus clientes. Se cierra el grifo del crédito y la economía se viene abajo porque no puede funcionar sin financiación.

Empiezan entones las estafas intelectuales de la que hablábamos antes: se decía que era un tema hipotecario de EEUU, ajeno, pero enseguida se descubrió que había una interrelación del sistema financiero internacional. Todos los bancos internacionales habían caído arrastrados por el gigante de EEUU.

Se inició entonces un plan para resolver el problema de liquidez de la banca estadounidense y se inyectan cientos de miles de millones por parte del BCE, la Reserva Federal…

La banca sin embargo no salía adelante, y por tanto la economía entra en crisis. Los gobiernos no tienen más remedio que llevar a cabo programas de rescate y empuje (como el Plan E aquí en España) en el que también se dejan otros muchos millones de euros. Consiguen que la economía respire un poco, pero el alivio dura poco ya que estos planes iniciales de rescate no se apoyaron lo suficiente. Y tratar de solucionar la economía sin financiación es imposible.

Países como España se encuentran con que han tenido que hacer gastos extraordinarios y que han caído los ingresos al 65%. El déficit se dispara, y lo que antes era superávit ahora se convierte en deuda.

En Europa aparece otro problema: Grecia.

El país heleno tenía ya una deuda alta a diferencia de España. Debían unos 40 mil millones debido a una mala gestión que venía del pasado en gran parte: olimpiadas que costaron en realidad 20 mil millones (demasiados relaxing cups), la Dictadura de los Coroneles, corrupción… Inmediatamente, se destapan las alertas y Grecia se convierte en un problema para la Unión Europea ya que se teme que su deuda hunda a Europa.

No había que perder más tiempo por tanto: había que rescatar urgentemente a Grecia.

Bien.
Reflexionemos.

Grecia representa el 2% de la Unión Europea. Con perdón para los griegos, hay que señalar que en términos económicos, un 2% del PIB representa muy poco para la UE, por lo que sería exagerado pensar que por culpa de Grecia, la UE se vendría abajo. Por otro lado, decían que 40 mil millones de euros en deuda era una barbaridad, y sin embargo países como Francia y Alemania dieron a sus respectivas bancas privadas 800 mil millones y no hundieron Europa. Al menos que sepamos.

Aun con estas, el Banco Europeo se sienta a cantarle las cuarenta a Grecia, y mientras le tira de las orejas, le ajusta las cuentas. Y les hace entrega de 40 mil millones con la promesa de que se los iba a devolver. ¿Problema solucionado? Ni por asomo. Según los Tratados de Maastrich y Lisboa, se establece que el Banco Central Europeo no puede financiar a los gobiernos.

Así que el BE se ve obligado a recular, y mientras los acreedores de Grecia le aprietan para que encuentre financiación, los helenos se ven obligado a echarse en brazos de la banca privada.

Sí. Eso que habéis escuchado es una risa malvada con una tormenta de fondo.

El BCE le dice a la banca privada (que, recordemos, no tenía dinero, estaba de capa caída), que tienen en Grecia barra libre, es decir, dinero al 0’25, al 1 % (tirado de precio). La banca privada coge el dinero al 0’25 pero como era de esperar, intenta devolvérselo a Grecia al mayor interés posible. Ya dijimos antes que los bancos se alimentan de la deuda, y más que barra libre, en Grecia tenían buffet gratis.

¿Qué nos encontramos? Pues a Grecia pagando créditos incluso al 50% a bancos que les había costado menos del 1%.

Surge (por si fuera poco) entonces otro problema para Grecia, el llamado interés compuesto: la acumulación de intereses adquiridos por un capital inicial (CI) o principal a una tasa de interés (r) durante (n) periodos de tiempo. O dicho en castellano: que durante los meses que tengas que estar pagando un crédito, vas añadiendo capital en forma de intereses a ese dinero que debes. Si pides un crédito al 10%, significa que en 7 años se ha doblado la cantidad inicial que debías solo por los intereses.

En consecuencia, mientras que en 2008 Grecia tenía una deuda de 40 mil millones, ahora cuenta con una de cerca de 525 mil millones de euros (y porque le han perdonado la mitad de lo que debían). Solo en intereses paga alrededor de 14 mil millones de euros cada trimestre.

¿Y cuál es la situación de Grecia? Han privatizado las compañías de teléfonos, se han bajado salarios, funcionarios despedidos… La ley laboral que se ha aprobado establece que hay que dar al menos un periodo diario de descanso de 11 horas, lo que significa que se pueden trabajar 13 horas seguidas. Más vale que nos vayamos haciendo el cuerpo.

Se venden aeropuertos, hospitales, monumentos, islas… Con lo que han obtenido solo 50 mil millones de euros. También se están ajustando las cuentas en el sector público: si lo sumas, si no dejas una pensión ni un maestro, ni nada público, te ahorras 21 mil millones. Y ni una cosa ni la otra sirven porque aun así siguen teniendo que pagar todos esos intereses más la deuda.

En España está ocurriendo igual. En el año 2008, nuestra deuda era de un 37% aunque parezca increíble (el máximo que marca la UE está en el 60%). Hoy en día, tenemos 100% de deuda. El dinero que llevamos pagado en deuda e intereses ronda los 125 mil millones.

Y además, nos encontramos con esa estafa intelectual, en la que nos intentan vender la moto de que la deuda que tenemos es por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, en lugar de que los bancos se han endeudado por encima de las suyas.

Si desde el 89 al 2012, aun en esa España lapidadora, si el saldo del Estado se hubiera financiado por un BC al 0%, la deuda hoy en día sería del 14% del PIB. Por eso la banca prohíbe que los bancos centrales financien a los estados.

Y este es el origen criminal de la deuda que tenemos, producida por la libertad de los bancos, la desregularización, la anulación de las normas que controlaban el orden financiero. El capitalismo más salvaje que existe. Todo ello de la mano de una complicidad de los gobiernos y autoridades para poner programas que son inadecuados para salir de la crisis. No hay ningún país que haya salido de una crisis llevando a cabo un recorte en los gastos. En ninguna cabeza cabe que una economía pueda sobrevivir sin sistema financiero. Hoy en día se podía haber resuelto el problema poniendo el BC a funcionar, nacionalizando la banca, y luego, mediante soluciones técnicas intermedias, que pasan por una creación de central de depósitos.

La deuda, amigos, no se puede pagar, es imposible. Se está usando como una herramienta de esclavitud y una excusa para hacer las políticas que favorecen más a las empresas. Hasta qué punto llega la irracionalidad de crear dinero a base de intereses, que en  Europa hay más deuda que dinero. Hay deuda de la deuda, incluso. No habría dinero en toda Europa para terminar de pagar la dichosa deuda.

Lo más seguro es que se cree otra vez un nuevo Club de París o cualquier patochada de esas, con lo que se perdonaría la deuda y sus intereses. Pero es evidente que mientras puedan, esta crisis se seguirá alargando.

Y es la ciudadanía la que se tendría que cerrar en banda y negarse a pagar los platos rotos de la banca. Eso sí, una ciudadanía unida, mayoritaria, fuerte y digna… Por eso lamentaba antes la falta de unión entre las dos Españas, porque si dividen a la sociedad, destrozan los instrumentos que podrían permitir que habláramos como un todo contra ellos, contra los de arriba. En lugar de eso, nos dividen entre nosotros con jueguecitos de derechas e izquierdas, Bárcenas, ERES, escándalos de corrupción… Haciendo que nos tiremos piedras a nuestro propio tejado mientras ellos se libran de entrar en la batalla. Si tuviéramos además un gobierno central soberano en sí mismo y transversal, la crisis probablemente acabaría mucho antes. Pero esto ya sería demasiado pedir.

Esta es nuestra España. Dividida, y con un gobierno que acata órdenes desde Bruselas sin pararse a pensar en qué necesita realmente su población. Que ha desmantelado la democracia porque se aferra a una mayoría absoluta que no permite debates ni enmiendas, que no deja que se cuestionen sus medidas, que busca crear personas de encefalograma plano, desinformadas y sin debate social, reprimiendo y recortando. Anulando nuestro sentido crítico porque, claro, es que la cosa esta muy mal y hay que recortar.


Las herramientas para acabar con la crisis económica las tenemos, pero… ¿Qué hacemos con la crisis intelectual de España?


1 comentario:

  1. Hola Kris. Estoy de acuerdo. El sistema que ha provocado a la gente a que vivan de forma desenfadada, es el que ahora les aprieta el cuello para que sin ahogarse no puedan respirar bien.

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